La falta de oportunidades y de derechos fundamentales han hecho que las tradiciones milenarias y culturales se empiecen a perder o estén en riesgo.

Tres palabras describen a los miraña: Mɨamʉnaa, iiñʉjɨ, mamayve. Gente. Territorio. Aprendizaje. “Cuando se habla de gente también se habla de toda criatura que habita el mismo entorno, porque los animales e insectos son grupos sociales. Cuando se menciona el territorio, se menciona el lugar que el creador entregó a los ancestros para vivir y cuidarlo. Es el sitio en donde se gesta. Cuando se habla de aprendizaje, se entienden las dinámicas que hay entre Mɨamʉnaa e iiñʉjɨ”, explica Elio Guillermo Miraña , integrante de la comunidad y quien se ha dedicado a documentar su lengua, llamada igual que su pueblo.
Estas tres palabras, que encapsulan herencias culturales de los Miraña, están en riesgo de desaparecer. En Colombia se hablan 65 lenguas indígenas y todas están en peligro de no volverse a escuchar por la predominancia del español y porque los jóvenes, desde hace varias generaciones, dejan sus poblaciones para ir a ciudades grandes a estudiar o trabajar.
Y en el camino, también dejan a un lado sus costumbres, expresiones y lenguas, que ocultan más que sonidos y formas de comunicación. Tras de ellas, hay tradiciones milenarias como ritos, preparaciones gastronómicas, formas de concebir el universo. De acuerdo con el Caro y Cuervo, en el último registro que se hizo (en 2022) la población total de mirañas es de 759 y solo 166 de ellos manifestaron hablar la lengua.
“Si se pierde el idioma se pierde todo. Implicaría la pérdida de nuestros propios cantos e historias. El lenguaje es la columna vertebral de una cultura, es la memoria, son los recuerdos de los abuelos, lo que nos cuenta el territorio, porque a través del idioma denominamos los lugares también”, explica quien en español se llama Elio, pero en su lengua nativa es nombrado como Nʉjpayko Naave, que traduce sombra de agua.

